Había compartido algo conmigo que dudaba que le hubiera contado a nadie antes. Era algo importante, sobre todo para un hombre tan independiente como él.
—Gracias por hablar conmigo—, susurré.
Gracias por escucharme. Y por hablar conmigo también.
Asentí.
Me besó la cabeza. —Tenemos que hornear un pastel y preparar el glaseado, princesa—.
—¿Alguna vez dejarás de llamarme así?—
—Probablemente no.—
Suspiré y él se rió entre dientes.
Las cosas se sintieron diferentes cuando volvimos a hacer el paste