Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz del amanecer apenas tocaba las celosías de piedra caliza cuando Amenhotep entró en la Cámara del Consejo Real. El aire pesaba como plomo fundido, denso con el incienso de mirra que los sacerdotes habían quemado durante toda la noche. Los doce nobles más poderosos de Egipto ya ocupaban sus asientos en el semicírculo tradicional, con los rostros tallados en expresiones de gravedad calculada.
El faraón no necesitaba mirar hacia la es







