La grieta dentro del cuerpo del Verdugo no era un portal.
Era una respuesta.
No mostraba lugar. Mostraba jerarquía.
Como si la realidad hubiera levantado una capa para revelar quién tenía derecho a dar órdenes allí donde las leyes no preguntan.
El aire se volvió denso, no por poder, sino por autoridad.
Todos en la sala lo sintieron en los huesos: algo con permiso para existir estaba prestando atención.
Noctara escupió sangre a un lado.
—Eso no es refuerzo —dijo—. Es supervisión.
Thallia tembló.