El silencio después de la desaparición del Verdugo no fue alivio.
Fue reacomodo.
Como cuando una estructura inmensa se desplaza apenas un grado y todo lo que sostiene debe reajustarse o quebrarse.
Risa seguía de rodillas.
No lloraba. No gritaba. No temblaba por miedo.
Temblaba por densidad.
—Noctara… —susurró— ¿siempre pesa así?
Noctara la observó con atención militar, no con lástima.
—No. Eso pesa más.
Rhaziel se arrodilló frente a ella.
—Respira conmigo.
—Estoy respirando.
—No. Estás sobreviv