8. El Precio de un Acto de Salvación
Leander permanecía sentado en las sillas de espera del hospital, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas con fuerza. La luz demasiado intensa de la sala de espera le provocaba punzadas en la cabeza; o tal vez no tenía nada que ver con la luz.
—Señor —Leo se acercó sosteniendo una tableta en las manos—. Ya revisamos las grabaciones de las cámaras de seguridad.
Leander alzó la vista.
—Todo lo que dijo la señorita Valerie es cierto —Leo giró la pantalla del aparato hacia él