Mundo ficciónIniciar sesión—He traído vitaminas y alimentos para ti y para tu bebé —dijo Belinda, la médica que visitaba a Valerie con regularidad en su celda.
Valerie sonrió. No era una sonrisa tan amplia como antes, pero sí sincera. Vivir en prisión no resultaba tan terrible como había imaginado. De hecho, había encontrado más compañía allí. Acarició su vientre, que ya se había abultado. Ocho meses de gestación.
—Gracias. Cuando nazca mi hijo, le contaré que tú eres como una segunda madre para él.
—Ya muero por conocer a mi pequeño —dijo Belinda, estrechando la mano de Valerie entre las suyas.
Mi pequeño. Esa palabra fortaleció aún más la determinación de Valerie. Lo criaría para convertirse en un hombre del que pudiera sentirse orgullosa.
Devano no había vuelto a comunicarse con ella. Solo Loretta había intentado visitarla en dos ocasiones, probablemente tras enterarse de que esperaba un varón. Valerie lo tenía decidido: jamás permitiría que esa gente se acercara a su hijo.
—Bien, se me ha acabado el tiempo. Regresaré la próxima semana —dijo Belinda, poniéndose de pie.
—¿Una semana entera?
—En el tercer trimestre hay que vigilarte con mayor frecuencia. Descansa lo suficiente y pide que dejen de fumar cerca de ti.
Valerie asintió. En los últimos meses se sentía un poco más lenta al pensar. No importaba. No se arrepentía de nada.
Belinda salió de la celda y la agente acompañó a Valerie de regreso.
—¿Qué traes ahí? —preguntó la mujer uniformada.
—Vitaminas, como siempre.
—¡Señora Pan! ¡Apague ese cigarrillo! ¡Ya viene Valerie! —la voz de la agente resonó de inmediato en el pasillo.
La señora Pan apagó su colilla al instante y apartó el humo que la rodeaba. —¿Te lo dieron?
—Esto es para ti —Valerie le entregó una manzana roja, una de las que Belinda siempre le llevaba.
—¡Señora Pan, deja de pedirle fruta! ¡Valerie la necesita más que tú y tus kilos de más! —le gritó la señora Mérida desde la celda de enfrente.
—¡Solo le pedí una, no seas envidiosa!
—Señorita Samanta, esto es para ti —Valerie le entregó una naranja. La señorita Samanta la recibió con una sonrisa radiante.
—Miren, y la que se quejaba también recibió algo —se burló la señora Pan.
Valerie esbozó una pequeña sonrisa y entró en su celda, situada junto a la de la señora Pan.
—Val, ¿trajiste algo más? —preguntó la señora Pan asomándose entre los barrotes.
—Belinda es médica. No te va a traer cigarrillos.
La señora Pan soltó un bufido, decepcionada. Valerie deliberadamente no le había pedido ninguno; la tos que padecía ya era bastante grave.
—Señora Val, mañana te llevaré ropita de bebé —dijo la señora Winny desde la celda de enfrente.
—Muchas gracias —Valerie se recostó sobre su delgada colchoneta. La espalda empezaba a dolerle si permanecía mucho tiempo sentada o de pie. Llevaba siete meses allí. El lugar era estrecho y mal ventilado, pero más tranquilo que aquella casa que algún día llamó hogar.
Una patada fuerte sacudió su vientre. Su bebé se movía con cada vez más energía, a veces haciéndola fruncir el ceño. Acarició suavemente su abultado vientre.
—¿Tienes hambre, pequeño? —le susurró. Sabía que hablarle así era una forma de ayudarlo a crecer sano y despierto.
Una pequeña patada respondió a sus palabras.
—Ten paciencia, en un ratito nos traerán la comida —le dijo, acariciando de nuevo su vientre, y recibió otra leve sacudida como respuesta.
—Señora Val, le traemos su comida —uno de los guardias apareció frente a su celda. Valerie contaba con ese pequeño privilegio: no debía comer en el comedor común, sobre todo ahora que sus piernas habían empezado a hincharse.
En cuanto sus pies descalzos tocaron el suelo frío, sintió un líquido tibio deslizarse entre sus piernas.
Valerie se quedó inmóvil. Su corazón comenzó a latir con fuerza. Pasó la mano por su pantalón de prisionera y notó que la tela estaba empapada.
Al levantar la mano, vio que estaba manchada de rojo.
—Señora Winny… ¿es esto normal? —En su interior sabía la respuesta, como médica que era, pero en el fondo deseaba equivocarse.
Los ojos de la señora Winny se abrieron de par en par al ver las manos y la ropa empapadas de sangre de Valerie.
—¡No! ¡Guardia! ¡Ayuden a la señora Val! —gritó la señora Winny, presa del pánico.
Un dolor agudo y repentino se abatió sobre su vientre, haciéndola trastabillar hasta casi caer al suelo, aunque se esforzó por mantenerse de pie.
—¡Guardia! ¡Ayuden a la señora Val! —gritaron las voces a su alrededor.
Cientos de voces se alzaban, pero Valerie ya no lograba distinguir quién hablaba. El dolor se extendió hasta su espalda baja. La sangre no dejaba de fluir, formando un charco a sus pies.
Las lámparas del techo del pasillo de la clínica giraban ante sus ojos. Su rostro estaba pálido y su visión se nublaba. Un sudor frío empapaba su cuerpo. El dolor aparecía y desaparecía en oleadas. Sin embargo, aquella patada que había sentido poco antes… ya no estaba.
—¿Pequeño? —susurró Valerie, acariciando su vientre. Su voz era débil y quebradiza. Sus labios, pálidos como la cera, temblaban violentamente.
Belinda le limpió el sudor de la frente y tomó sus manos, que ya se sentían heladas.
—Bel… —Valerie suplicó. Ya no le importaba su propia vida—. Por favor… salva a mi hijo.
Valerie abrió los ojos lentamente. Todo se veía borroso y sentía un dolor punzante en la cabeza. El fuerte olor a desinfectante llenó sus fosas nasales y le revolvió el estómago.
Bajó la mirada hacia su vientre. Estaba liso, plano. Con dedos temblorosos lo recorrió una y otra vez, cada vez con mayor desesperación.
—¡Ahh! —Un dolor agudo le atravesó el bajo vientre. Su visión se oscureció de nuevo y cayó de espaldas sobre la cama.
—¡Valerie! —Belinda apartó la cortina de un tirón, alarmada por su gemido.
—¿Bel…?
—No te levantes todavía. Acabas de someterte a una cesárea. La herida aún no ha cicatrizado.
—¿Cesárea? ¿Dónde está mi hijo?
Belinda no respondió de inmediato. Se mordió los labios y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Bel? ¡Dime dónde está mi hijo!
La respiración de Valerie se entrecortó. Las lágrimas comenzaron a brotar antes de que pudiera pensar.
—Tu bebé… no pudimos salvarlo —dijo Belinda, con voz quebrada.
Valerie guardó silencio absoluto. Se quedó mirando a Belinda, esperando que en cualquier momento se retractara y dijera que todo era una broma.
—No… no puede ser. Mi hijo era fuerte. Tú misma dijiste que estaba sano. Mientes, Bel.
Negó con la cabeza, cada vez con más fuerza y rapidez. Sentía el pecho oprimido, como si lo atravesaran con un cuchillo.
—Lo siento profundamente. No respiró cuando nació —confesó Belinda, y sus lágrimas cayeron antes de que terminara la frase.
—No es posible que se haya ido. Bel… mi hijo no puede haberme dejado sola.
Valerie acarició su vientre, ahora liso y vacío, buscando un movimiento que ya no existía. Apenas la noche anterior, aquel pequeño ser la pateaba y se movía inquieto, impidiéndole conciliar el sueño.
Ahora solo quedaba una cicatriz que latía con dolor.
—Val… tienes que ser fuerte —le dijo Belinda, acariciando su cabello con ternura.
Un gemido ahogado, débil y quejumbroso, se escapó de su garganta. Belinda no dijo nada más; solo estrechó su mano con suavidad.
Casi dos horas después, aquel llanto se extinguió. Valerie permanecía inmóvil, con la mirada perdida en el techo, vacía y sin parpadear.
—¿Bel?
—Dime…
—¿Podrías inyectarme una dosis alta de insulina?
Belinda frunció el ceño, horrorizada. Eso la mataría.
—¡Valerie! No digas esas cosas. No haré nada de eso.
—Quiero irme con mi hijo.
—¡Valerie, escúchame bien! —La voz de Belinda se tornó firme, un tono que rara vez usaba—. Tienes que seguir viviendo. ¿No dijiste que querías ser feliz y hacer que quienes te hicieron daño paguen por lo que te han hecho?
Valerie se quedó en silencio.
—Eso… era cuando mi hijo seguía conmigo.
—No necesitas a tu hijo para merecer la felicidad. Tú mereces ser feliz por ti misma, sin importar nada. Demuéstrales que todo esto no ha logrado destruirte. Haz que carguen con el peso de lo que han hecho.
Algo cambió en la mirada de Valerie.
Ya me arrebataron a mi hijo.
Ahora… les arrebataré la paz que tanto parecen valorar.
—Bel… —Valerie se secó las lágrimas con brusquedad—. ¿Cuándo podré salir de aquí?







