Mundo ficciónIniciar sesiónResulta que romper una maldición de doscientos años no viene con manual de instrucciones sobre qué hacer cuando el sacrificio sale terriblemente mal... o terriblemente bien.
El dolor llegó primero, un dolor tan absoluto que Adriana no podía identificar de dónde venía porque parecía emanar de cada célula de su cuerpo simultáneamente. Era como si hubiera sido desarmada y vuelta a ensamblar por manos que no recordaban exactamente cómo encajaban todas las piezas. Trató de abrir los ojos, pero incluso ese simple acto requería una fuerza de voluntad que no estaba segura de poseer, como si sus párpados estuvieran hechos de plomo y sus músculos hubieran olvidado cómo obedecer comandos básicos.







