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Enterrar a alguien que técnicamente sigue viva pero inalcanzable es duelo que nunca cierra porque esperanza y desesperación coexisten en tumba vacía.

La ceremonia se realizó al amanecer, cuando el cielo aún conservaba ese tono gris perla que precede al día. Elegimos esa hora porque Adriana siempre amó los amaneceres, esos momentos suspendidos entre la oscuridad y la luz donde todo parecía posible. Ahora, parada frente a dos tumbas

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