No esperaba nada fuera de lo común cuando fue a la sala de juegos dos semanas después. Quería saludar a Hasan y Jamila, como ya era su costumbre, y por supuesto quería ver a Luna, aunque tuvo cuidado de no pensar demasiado en ello.
De cualquier manera, no esperaba que la sala de juegos estuviera vacía, ni tampoco esperaba escuchar la voz de Luna, suave y desesperada, filtrándose desde las habitaciones de más allá. A pesar de sí mismo, a pesar de todo lo que se decía a sí mismo de que ella ya no