Capítulo 62. Cinco minutos.
Sala de espera en el quirófano tres.
Belinda esperó en una silla, las manos entrelazadas como en oración. Cada minuto era una eternidad, cada pitido de los monitores, un recordatorio de lo frágil que era la vida.
Las horas pasaban lentas, pesadas como el plomo. La sala de espera de la clínica era fría, aséptica, con el brillo artificial de los fluorescentes zumbando en el techo.
Belinda se abrazó a sí misma, tratando de contener el temblor en su cuerpo. La culpa y el miedo se enredaban en su