Capítulo 63. No quiero perderlo.
El médico la guió por pasillos interminables hasta llegar a la unidad de cuidados intensivos. Antes de entrar, le entregó una bata, un gorro y una mascarilla.
—Póngase esto —indicó—. Y recuerde, solo son cinco minutos.
Belinda se colocó el equipo con manos temblorosas, mientras el médico la esperaba afuera. Su corazón latía desbocado mientras seguía al médico hacia la habitación de Fabio.
Nada podría haberla preparado para lo que vio.
Fabio yacía inmóvil en la cama, rodeado de máquinas que pita