Sin vacilar, Gael inclinó la cabeza en una reverencia respetuosa mientras Damián acortaba la distancia entre ambos.
—Joven Damián —pronunció con tono formal—, lamento que haya tenido que intervenir en lo sucedido en el salón principal durante la fiesta de compromiso, pero le agradezco sinceramente su disposición para mediar en ese momento.
Cuando Damián quedó frente a él, lo suficientemente cerca como para percibir su respiración acompasada, le respondió.
—No es necesario que inclines la cabeza