Sonriendo, nos transformamos en lobos, lanzándonos a la carrera por el bosque para liberar nuestros instintos salvajes que resonaban en la necesidad de movimiento. El lobo plateado me miró de manera depredadora, inclinando el hocico hacia el corazón del bosque, dando la ventaja para la persecución y la caza.
El juego se volvió electrizante. Empecé a correr, utilizando el color de mi pelaje como una ventaja estratégica para camuflarme en la blancura de la nieve. Cada paso era una fusión íntima c