42. Rompiendo la barrera de la desconfianza
No hay límites en estos instantes. Por más que se diga a sí misma que debe ocultar lo que Giancarlo le hace sentir, cada vez que es su aliento quien choca contra su piel y sus manos la toman de forma posesiva cualquier pensamiento de negación pierde valor.
Por más que intente alejarse, la atracción innata con su enemigo es voraz, y devora lo que había creído que era lo correcto: no desearlo como hombre.
Qué fatal mentira, y una mentira así lo único que hace es restregarle en la cara que Gianca