105. Encuentro inesperado
—Has cambiado demasiado, querida. Bastante —Damiana le toca sonreír, dejando su cartera en su regazo. Se mantiene con la espalda recta, observando con los ojos de cazador a su nieta, quien no se inmuta por su reacción inevitable—, no eres la misma Angelina que conozco.
—Cierra la boca. ¿Qué es lo que quieres? —Angelina la interrumpe, irritada por tener aquí y ahora a ésta mujer que no hace sino aumentarle las ganas de venganza, las ganas de incluso destruirla sin una pizca de piedad—, habla.
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