NO HAY NADIE QUE YO QUIERA SER…
ANA LUCÍA GAITAN
Salimos ambos caminando a paso apurado, yo no hice un ademán de tomarlo de la mano, y aunque a él si lo vi con intenciones solo se conformo con caminar a mi lado.
Sabíamos y conocíamos demasiado bien las implicaciones de que nos vieran juntos y relacionarán su nombre con el mío.
Aunque yo tenía mucho más que perder que Eduard. La prensa solía ser un sabueso demasiado entrenado para encontrar el lado más débil y oscuro de cada individuo, y para