AMALIA.
—¡Me gustas! —le confieso.
Huxley se sorprende, pero después sonríe muy feliz.
—¡Me gustas mucho y...! ¡Al carajo!
—¿Qué...?
Entrelazo mis manos por detrás de su nuca y posteriormente, uno mis labios con los suyos.
Al principio, ambos nos quedamos quietos sin movernos, pero poco segundos después, empezamos a mover los labios y besarnos correctamente.
Sé que probablemente después de esto, no voy a poder mirarlo sin ponerme roja, pero no me arrepiento.
Siento como Huxley pone sus manos en