CAPÍTULO 31 —Hasta pronto.
Anastasia.
Habían pasado algunas horas, y no habíamos dormido en toda la noche.
Podía ver la hora que marcaban las cuatro de la madrugada, y, a decir verdad, no tenía nada de sueño.
Yacía desnuda en esta gran cama en la mansión de Alexey, mientras él con sus dedos acariciaba mi vientre, y me explicaba el medio de su protección sexual, que solo lo pensé cuando, una y otra vez, terminaba dentro de mí.
—Cuando supe que iba a estar contigo… dije… ¡No puede haber un maldito condón de por medio…! —é