Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos dos amantes despertaron abrazados. Rebecca alzó los brazos y se estiró, cosa que Arturo aprovechó y la abrazó.
—Buenos días dormilona— sonrió la fierecilla ante el saludo.
—Buenos días ogro durmiente— él la miró asombrado por el apodo recibido.
—Con que ogro eh, pues este ogro... ¡te va a volver a comer.... grrrr! — se giró rápido encima de ella







