LA ADHALIA NEGRA
Santiago sonreía tan perfectamente como solo él sabía hacerlo. Todo estaba saliendo como quería. Un perfeccionista que sabía que sobre lo imperfecto está lo único. Los documentos ya estaban firmados y su corazón sabía que era lo mejor, aunque esta vez se sentía algo más que una buena decisión que hubiera tomado.
Alguien toco la puerta de su oficina e inmediatamente se abrió.
— ¿Amor? –Dijo tiernamente Asunción asomándose por el marco de la puerta como niña pequeña. Su sonrisa