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CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

Limpiando sus lágrimas, subió hasta la habitación donde Natalia debería de estar, no quería que ella la viera de esa manera quería simplemente darle lo mejor de ella, lo que no le había dado en tanto tiempo. Era cierto que a Natalia no le habían quitado las vendas de los ojos pero eso no implicaba que no pudiera sentir y ella, ya podía saber qué era eso de lo que hablaba la gente que se quedaba ciega. Sus sentidos, el escuchar, el sentido del gusto simplemente el sentido del sentir, se agudizab
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