Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl PADRE.
Anabelle.
Espero en la entrada de la Iglesia al nuevo sacerdote, ya tengo puesta el alba y mi cabello esta pulcramente recogido en una moña. Mis manos juntas y mi acompañante es quien me indica todo lo que debo hacer.
No soy lo suficientemente creyente como para estar donde estoy, pero mi madre fue insistente, al momento de convencer a la comunidad católica de la Iglesia, para que me dieran esta oportunidad.
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