— ¿Van a tener un orfanato? — inquiere con molestia Declan, tocando una de las cunas con desprecio.
— Hey, no la toques. — mi queja sale sin razón, qué más da que toque una de las cinco cunas que hay aquí.
— Mi lago de vida tiene razón, no toquen los lechos de nuestros hijos. — soy humana, y gracias a mi madre he tenido acceso a muchas cosas, como, por ejemplo, películas, y en este momento juro que debo parecer la niña del exorcista, pues casi rompo mi cuello para ver con asombro a Ikigaí.
— Hi