NARRA ALAN
—No lo levantes, déjalo que duerma —escucho una voz masculina que no puedo distinguir.
—¿Cómo me puedes pedir que me calme después de lo que acabo de ver? —esa definitivamente es mi madre. Voy abriendo de a poco mis ojos. Sentía todo mi cuerpo adormecido, pero comencé a recordar lo que pasó ayer. Digo ayer porque la claridad que entraba por la ventana era muy tenue. Mi mente me gritó los nombres de Khoa y Susy.
—¡¿Susy y Khoa?! —exclamé y estaba a punto de moverme, pero mi abuelo m