145. Un mar de emociones
Oliver retrocedió un poco, ya se imaginaba porque Dayana estaba ahí, pero todo era un mal entendido que él le trataría de explicar, si es que ella no lo mataba antes.
— ¡Tu! ¡maldito malnacido! ¡Me drogaste!
La furia de Dayana era inminente, esa voz firme y cargada de odio lo hizo sentir pánico por una extraña razón, en cuánto Dayana empezó a avanzar hacía él, Oliver corrió en reversa estirando sus brazos.
— No... Espérate Dayana, puedo explicarlo.
— ¡Explicar que! ¡como te atreviste! ¡Confíe