A Gina le daban risa las fotos de los matutinos. -Oye, en verdad pareces una mosca con tus lentes nuevos-, me decía tumbada en mis muslos, mientras yo le hacía rizos a su pelos. Recién habíamos terminado de desayunar y nos fuimos a sentar en el jardín del hotel, frente a la piscina.
-Ay, yo detesto las moscas-, arrugué mi naricita.
-¿Te vas a comprar otros lentes? -, me preguntó Maggi. Estaba con una tanga pequeñísima, tomando sol.
-No, ¿para qué? me gustan esos lentes-, le dije divertida