Magdalena entró a los vestidores con las nuevas zapatillas que me había traído para el Grand Slam. -Esta vez no vas a resbalar, Katty, le hemos puesto unas ranuras que te permitirán aferrarte muy bien a la cancha-, me fue explicando ella entusiasta y eufórica. Yo, sin embargo, pensaba en Marcial, sus besos, sus caricias y tenía mi cuerpo aún encendido en llamas. Apenas nos despertamos, luego de una velada de intensa pasión, volvimos a hundirnos debajo de las sábanos entre muchos miles de arru