No lo sabía, pero me había vuelto demasiado celosa. Siempre fui celosa, es verdad, defendiendo lo mío, le tenía envidia a mis amigas más lindas y que acaparaban a los hombres guapos pero siempre me controlaba, me resignaba y no prestaba atención, pero ahora era diferente. Marcial me gustaba mucho, me excitaba, además, y lo que había escuchado me hacía pensar que él era, en realidad, un mujeriego. Conmigo no había jugado, es cierto, ni siquiera habíamos salido ni nada, ni tenía él que darme nin