LILIBETH
Aiden se da cuenta de mi presencia y por instinto, sin pensar en las consecuencias, camino hacia él y le quito a mi hijo, lo pego a mi pecho y levanto la mirada.
—Tardaste demasiado —frunce el ceño.
Las palabras se me amontonan en la garganta, el aire me falta y trato de mantener la calma. Respiro profundo empujando todas las emociones que se acumulan en mi pecho.
—¿Cómo has llegado? ¿Qué haces aquí? —mi voz tiende de un hilo.
—Me ofendes, no quiero que te asustes —retrocede tomando as