Jessica
Rhonda llegó a mi departamento a eso de las doce y treinta.
―Ya te extrañaba, amiga, has estado tan ocupada con tu galán que hasta de tus amigas te olvidaste ―me reclamó sin enojo.
―Sabes que yo no podría olvidarme de ti, Rhonda.
―¿Y a qué se debe el honor de esta invitación?
―Bueno, lo que pasa es que quería hablar contigo y salir a almorzar con Patrick, para que lo conozcas un poco más.
―Conocerlo ahora que se va ―me reprochó.
―Bueno, sí, pero queremos intentarlo.
Rhonda me regaló una