Mi día fue horrible. Estaba teniendo náuseas y mucho sueño. Patricio regresó del club y se detuvo en mi escritorio.
— Cata, acércate.
— ¡Sí, Patricio! —Bromeé con él.
— ¡Eh, me gustó eso! —Sonrió, una sonrisa hermosa y relajada—. Pero acércate y huéleme.
— ¡No me convertí en perro, Patricio! —Le seguí la broma.
— ¡Tonta! Cambié de perfume, quiero saber si este te gusta. —Patricio era un dulce y muy atento.
— ¡Ah, este sí me gusta! —Dije después de sentir su aroma.
— Perfecto, porque no qu