Pedro y yo jugábamos con los bloques que le había dado Alessandro. Le había cogido mucho cariño, pero ya estábamos listos, esperando a que llegaran Mel y Nando para encontrarnos con Mariana en el restaurante.
—Mami, ¿viene Alessandro a jugar conmigo hoy? —preguntó mi hijo mientras apilaba dos bloques.
—No, hijo mío, hoy no. Hoy vamos a almorzar con la tía Mari porque se va de viaje.
Oí que se abría la puerta y entraron mis amigos riendo. Pedro corrió al regazo de Fernando. Charlamos un rato all