—¡Bas-Basta ya! ¡Por…por favor! ¡Ba…Basta! —suplicaba a gritos, llevaba haciéndolo desde hace media hora cuando habíamos empezado con las torturas.
Sus manos estaban colgadas en una cuerda, llevaba ahí ya un día completo. Ahora le estaban dando descargas eléctricas, las suficiente para que sufriera y no muriera en el intento.
—Detente —ordené—. Salgan y no dejen que nadie entre.
Espere a que se fueran todos de la sala para hablar, eran temas privados.
—M-Mátame.
—Créeme que lo haré, pero no aún