Días después.
—No te enojes.
— ¡¿Cómo carajos no quieres que me enoje?! —Grité, no aguantando más—. Un día mas y esos malditos aún siguen vivos, ¿enserio quieres que este bien? ¡No sé porque malditamente mandé a su hijo al hospital! ¡Debí dejar que muriera! ¡Si muere uno así saldrá de su escondite!
— ¡No lo harás! —gritó Cipriano, era la primera vez que me gritaba—. ¿Cómo puedes seguir pensando en matar a esos niños?, por dios no tienen la culpa, solo es que los veas y cambiaras de parecer.