Abrí los ojos, sintiéndome agotada físicamente, pero en extremo satisfecha. Mi parte íntima ardía, sentía las piernas encalambradas y temblorosas, y un cansancio que me impedía levantarme de la suavidad de la cama.
No recuerdo cuántas veces Amaro me sometió a recibirlo de lleno y en unas posiciones que pusieron a prueba mi resistencia y flexibilidad. Solo han sido tres hombres con los que he tenido sexo, pero Amaro ha sido el único de doblarme, estirarme y doblegarme a su santa voluntad, demost