No sabía a dónde ir con exactitud, pues no esperaba que Amaro fuera a aceptar salir conmigo en plena jornada laboral, así que conduje por las calles de la ciudad hasta encontrar el primer bar nocturno que estuviese abierto. No tenía nada planeado, solo llegué a su taller y quise pasar un rato agradable con él. Amaro me hace olvidar del mundo y de cada uno de mis problemas.
El sitio al que ingresamos se veía reservado y muy tranquilo. Había pocas personas disfrutando de un trago, una música suav