Mundo ficciónIniciar sesión—Y tú no puedes dejar de quererme —respondió, bajando la cabeza para besar mi cuello, un beso húmedo y posesivo—. Dime que no me quieres aquí. Dímelo y me iré.
Cerré los ojos. El calor que emanaba de él era como una marea alta. Su rebeldía, su negativa a seguir las reglas, incluso las mías, era la razón exacta por la que no podía dej







