Capítulo 3
Zeke
—¿¡Ya lo sabías?! —lo que tenía que ser susurro salió como un gritito de gata en celo.
Para mi suerte, las personas en la gran mesa no estaban interesados en nosotros.
La chica que me imaginaba como un viejo pervertido, se sentó a mi lado en el gran comedor donde yo ya estaba.
Por supuesto que lo sabía. Por supuesto que sabía quién era ella antes de que siquiera ella se percatara de mi presencia. Su madre, honrando sus raíces, hizo que ella cumpliera con las costumbres del reino