Mattew
En mis treinta y seis años jamás había sentido amor por ninguna mujer que no fuera mi madre, ni siquiera mi esposa fue poseedora de ello. Nuestro matrimonio fue concertado por conveniencia, según las palabras de mi padre era la indicada para hacerme compañía a lo largo de mi carrera, una mujer de buena posición, de buena posición, hermosa y en definitiva la mejor opción para mi.
Crecimos juntos y con la idea que un día nos casaríamos, a pesar de eso cada quien vivió su juventud con qui