Cuando llegaron a casa, Ernesto encontró de nuevo su valor y tomó a Laura del brazo con fuerza y la llevó hasta la cocina.
-¿Por qué estaba ese hombre ahí contigo, Laura? –
-Ya te lo dije… Por favor… Suéltame. –
-¡Contesta lo que te pregunto! –
-Me duele… Él llegó ahí cuando te estaba esperando… Por favor, Ernesto. – gimoteó ella mientras sentía que el brazo se le partía.
-¡Dime la verdad! – exigió mientras la sacudía con violencia.
-Te estoy diciendo la verdad… Yo estaba esperándote y él apare