Mundo de ficçãoIniciar sessãoSentado en el trono que había ansiado durante años, Tristán escuchaba con atención (y con una mano en el mentón) los planes que cada uno de sus hombres (que no eran sus hombres, sino los del dios Rojo) tenían para hacer prosperar la ciudad. Las noticias, de que varios de los pequeños y medianos reinos de lo largo y ancho del continente se dirigían a la ciudad, eran el tema principal de debate.
Algunos de ellos (entre los que se en







