Cristina estaba furiosa. “¡Es mi problema si lo acepto o no!”.
Mariano no aguantó más su altanería y como parecía una fiera alebrestada, la besó de nuevo con deseo, obligándola a seguir el beso, esa sensación que ella le transmitía ninguna otra mujer lo hacía, sus labios eran dulces y su cuerpo atrayente, a pesar de su edad era una mujer muy bella y tenía una figura envidiable, su cabello largo le encantaba mas si lo llevaba suelto, le gustaba espiarla por las noches después de la ducha y como