"¡Puedo, pero no lo haré!" fue su respuesta, arrastrándose bajo las sábanas.
Respiré hondo y me fui al sofá, solo con la almohada que me dio. Me acosté y cerré los ojos, sintiendo su presencia en todo el ambiente. Quizás la idea de tenerla como mi esposa, para poder cumplir con parte de los requisitos del testamento, no había sido tan buena idea. Porque moriría lentamente con ella a mi lado sin poder tocarla.
Estaba cansada pero no podía dormir. Podía escuchar sus suspiros y el sonido de su cue