Las tardes lluviosas, el cantar de los pájaros, el soplar del viento e, incluso el día más nublado, tienen su encanto, poseen belleza y no son celosos de ella; pero muy pocos la saben apreciar. Los enamorados, los artistas y los niños, son los únicos que, realmente, encuentran y admiran esa belleza que los pequeños detalles poseen; encuentran el más melodioso sonido, en el crujir de las hojas secas, la más cálida sensación en el toque del sol que, para muchos, resulta insoportable; no les moles