Capítulo 39. Un ataque despiadado.
A la mañana siguiente, mientras David se vestía, admiró el cielo despejado que se veía desde el ventanal. Abrió las puertas de cristal y pasó al pequeño balcón de madera.
Apoyó las manos en la baranda y repasó el firmamento tintado de turquesa. Un par de parapentes planeaban con suavidad sobre él, la visión lo estremeció.
Un poco más arriba de la posada se hallaba El Despegadero, el punto más alto de El Jarillo. Una explanada cubierta de grama con una inmensa imagen de la Virgen del Carmen en m