Capítulo 21. Tú no me conoces.
El cielo estaba cubierto por una espesa capa de nubes grises, tan apretadas entre sí que parecían gruesas motas de algodón amontonadas dentro de un recipiente estrecho.
Cada cierto tiempo podían divisarse rayos surcándolas. El sonido atronador que los acompañaba le erizaba la piel a Jimena. Nunca había temido a una tormenta, pero vivirlas en aquel lugar era diferente.
La casa estaba ubicada en la cima de una colina. El horizonte despejado a su alrededor permitía el avance indetenible del viento