28. No creo en tu palabra.
TAMARA.
12 de septiembre.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Uno, dos tres, cuatro, cinco...
—¡Ya entendí! —medio le grito a Mono, me mira con el ceño fruncido.
—Solo te preparo para que nada te tome desprevenida —dice mirándome con los ojos entrecerrados.
—Y lo sé —hablo calmadamente—, pero me has dicho lo mismo más de 3 veces, por favor, solo vámonos ¿Si? —niega en desacuerdo, pero igual nos vamos.
Estamos en casa, se supone que hace 10 minutos debíamos irnos para encontrarnos con alguien y él