Y no tendría piedad, la mataría de ser necesario.
Christie pensó que nada iba a suceder, pero estaba equivocada, muy equivocada.
—Nombra a un rey.
—Bael
—Nombra a un duque.
—Agares.
—Nombra a un príncipe.
—Vassago.
—Nombra a un marqués.
—Samigina.
—Nombra a un presidente.
—Marbas.
Christie se sintió asustada, no entendía de dónde había salido aquella información y para su sorpresa, una bastante escalofriante, el vendedor se levantó los lentes. Sus ojos eran blancos y parecía capaz de ver, incluso sonrió ante su mirada de miedo.
—Mi