Un par de días después, se puso ropa de abrigo y fue a explorar la zona. Descubrió unas cuevas cerca de la casa, a las que entró atraída por la magia que las envolvía.
—Emi —decía Collin — algo me da muy mala espina sobre este sitio.
—Pienso igual —añadió su hermano.
—Regresemos entonces, no quiero que mi esposo se preocupe.
—Resulta fácil cuidarte.
—¿De verdad?
—He trabajado cuidando algunas criaturas inmortales y son un dolor de culo.
—¿Antes de trabajar para los Dracul?