Cuando por fin Valentino se levantó de Miguel y lo puso de pie, este no pudo evitar temblar cuando un frío helado se deslizó por su espalda. Podía ver los agujeros de bala en los pilares que estaban detras de ellos, si no hubiera sido por la oportunaintervencion de Val ahora mismo estaria en un charco de sangre. Saber que había llegado tan cerca de morir hizo que se le revolviera el estómago.
—Vamos, Miguel. —Valentino se apoyó en su brazo—. Debemos irnos.
—¿No tenemos que esperar a la policí